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Zurco: texturas y romanticismo vintage

En el café Typicade la 6 de Agosto está Zurco, tienda de vinilos que ofrece clásicos y no tan clásicos del rock con un sonido diferente.

La aguja se hunde en el surco impreso en plástico negro y así llega el sonido. La aguja recorre este surco en espiral vibrando. Y al vibrar ella, vibramos nosotros con la música que se produce. Desde la voz de El Papirri hablando de Bolivia, hasta la de Cat Stevens haciendo, a la vez, de un padre con su hijo. “Tienes que limpiarle el polvo y evitar los rayones. No lo puedes dejar al sol que se te dobla. Tampoco es aconsejable apilarlos pues los de abajo van sufrir el peso de los de arriba. Y no hay que manipularlo como sea. Agarras el borde y el centro para no dañar el surco”, explica con mucho detalle Sergio Claros, dueño de la tienda Zurco: música, vinilos y más.

“Es de carne y hueso”, explica Claros, ya con escaso pelo de los rulos que lo caracterizaron en su juventud y la barba rala con canosa, vestido con un aire que lo hace sentir familiar mientras explica la mecánica tras un vinilo en un tocadiscos. Cómo debes cuidarlo, cómo debes manipularlo, cómo debes almacenarlo y todo lo que implica el sentarte a escucharlo.

Foto: Rodwy Cazón.

No solamente para él, sino para todos los coleccionistas de vinilos en el mundo, este formato es un ritual que empieza en la tienda, revisando hileras de discos por horas, hurgando en las profundidades del bolsillo para pagar los costos y saber que es solo tuyo mientras lo contemplas y tocas camino a casa, antes de instalarte frente al tocadiscos con la única intención de darte el tiempo para escuchar un álbum. “Yo he crecido con eso. Con una tienda famosísima que estaba desde los setentas: la Estéreo Récords, que era por el edificio Quinto Centenario. Era la única que traía discos americanos que yo miraba por horas a mis 12 años. Luego me subía babeando al micro para ir a mi casa y abrirlo”. Ese es el ritual, pero también es el vicio. A los coleccionistas, acérrimos y en potencia, les gusta palpar su música. Ver la tapa, perderse en los detalles del arte, debatirse internamente por horas con qué sonidos llenarán su tarde.

Pareciera que Claros, siempre en barbijo, sonríe al hablar de los jóvenes que visitan su nuevo negocio. Chicos y chicas de 18 años que están desempolvando los equipos “vintage” de sus padres y abuelos, dejando de lado sus listas de Spotify. “Cuando apareció Spotify para mí fue muy rico porque escuché música que nunca pude comprar, pues no puedes tener toda la música del mundo. Es como una disquera gratis en tu mano y está bien para ciertas situaciones”. Pero hay algo que ningún streaming puede brindar: esa textura especial en el sonido que solo se aprecia en un vinilo.

Foto: Rodwy Cazón.

¿Cómo te sirves tu whisky?

Ingeniero de sonido, fundador de ProAudio, Sergio Claros es también dueño del bar Capotraste, un espacio dedicado a la visualidad de la música mediante videos y una decoración llena de portadas de vinilos. Su vida ha girado alrededor del sonido, de qué es lo que nos gusta y qué buscamos en él.

¿Qué es mejor? ¿El vinilo, el casete o el CD? Técnicamente, según el experto, el CD, pues es un medio sin ruidos que reproduce fielmente la grabación. En cambio, al oír un vinilo hay como un ruido inherente, uno que no está en los planes del músico, una estática que los profesionales llaman distorsión armónica. Claros lo dice más fácil. Si en el cine digital podemos ver hasta la más mínima peca de una actriz, el celuloide no tendrá ese nivel de detalle, pero sí brinda un filtro, una textura diferente, el denominado grano. Y eso es lo que atrae del vinilo: la textura que esa estática le da al sonido.

“¿Cómo te gusta el whisky?”, pregunta Claros. A su alrededor hay una charla sobre qué es lo que hace especial al sonido del vinilo. Uno responde “con hielo”, otro “con refresco” y el último dice “puro”. Detrás del mostrador, Sergio Claros responde: “Como sea, todo está bien. Es lo que te gusta y no está mal”. El vinilo no será la mejor calidad, pero es la más interesante textura. No solo es tener el disco en tus manos para cuidarlo, sino que escucharlo suena diferente y eso te lleva a disfrutar —tanto como las lloras— esas pequeñas rayaduras accidentales que cambian el sonido en los surcos.

Foto: Rodwy Cazón.

El romanticismo vintage.

Ubicado dentro del café Typica —en la avenida 6 de Agosto, entre las calles Pedro Salazar y Lisímaco Gutiérrez—, Zurco es un espacio muy aparte del café, pero para nada distante del mismo. Ambos combinan bien pues están pensados desde lo que Claros llama “romanticismo vintage”, que hace que la tienda se sienta natural dentro del café. Zurco no solo está decorada de manera similar a Typica, sino que el mismo vinilo es algo que regresa del pasado. “A Typica le pareció que esto iba con el concepto de sus cafés. En cualquier otra cafetería se vería forzado. Acá vienes y te compras un disco y te tomas un café. O viceversa. Y hay magia en eso”.

Abierto por Sergio Claros y Guido Rivamonti desde el 23 de noviembre con la intención de llenar el vacío que dejaron las tiendas de música tal como eran en los ochentas —es decir, antes del CD—, Zurco trae vinilos nuevos desde Argentina y Estados Unidos, o recicla algunos usados, hay para todos los gustos. Desde Bs. 10 hasta más de Bs. 500, las hileras de la tienda esconden álbumes como el célebre The Velvet Underground & Nico, una nueva versión del “Tea for Tillerman” de Cat Stevens (regrabado 50 años después), el “Cuenta Cantos” de Manuel “El Papirri” Monroy, u otros de Rush, Toto, Metallica, Pink Floyd y hasta Les Luthiers.

Zurco también vende CD como una forma de dar la mano a los músicos que este año se vieron perjudicados por la pandemia. Actualmente cuenta con toda la discografía de ProAudio, incluyendo discos de Grillo Villegas, Animal de Ciudad, Luzmila Carpio, Pateando al Perro, Gogo Blues, Walkman, entre otros.

Pero más que una tienda que incluso ofrece libros de música, casetes y cuadernos fabricados con vinilos reciclados, Zurco es un espacio para pasar la tarde hablando de música con Claros. Él está ahí para compartir su ritual con todos los que quieran crear un santuario musical como el que tiene en casa —bien retratado en su cuenta de Instagram— y así más personas disfruten de este vicio.

Fuente: Adrián Paredes. La Razón.

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